20090413

El otro chisme 10: [El final que estaba buscando]

[Lo que quisiera ser o hacer, en 250 palabras]


Aquel día, no me sentía inspirado. En la mañana, revisé el bosquejo una y otra vez. Más tarde, salí a caminar por la colonia. Al cruzar por el Parque San Simón, me pidió un autógrafo —algo que rara vez me pasaba en la colonia— un niño vestido con un uniforme igual al que use en la secundaria. El sol estaba pleno. Aunque odiaba los días calurosos, también me sentía pleno. Recorrí el mercado Portales buscando una sandía con chile y limón: lo mejor para los días calurosos

Por la noche, como en la infancia, me senté en el parabus a ver las luces de los coches que transitaban por Calzada de Tlalpan. Al estar recostado en el sillón, las palabras e ideas empezaron a llegar a mi mente. Anoté en la libreta que siempre cargo en el bolsillo del pantalón aquellas ideas. Prendí la computadora y le di el final que estaba buscando a mi última novela.

Al estar escribiendo, me di cuenta del título de mi novela: el final que estaba buscando. Revisé las notas que acababa de escribir. Estaban escritas en mi cuaderno del segundo semestre del SUA. Releí la novela. Solo era una pequeña redacción de menos de 250 palabras para mi Taller de Redacción. Aún no era un escritor famoso…

20090323

El otro chisme 9: [Al cruzar Eje Central]

[Un encuentro entre dos personas, en 250 palabras]


Corrí a Municipio Libre para alcanzar el microbús. Me senté en el penúltimo asiento de la derecha. Abrí mi mochila. Saqué mis lentes. Busqué las copias que me dejaron leer en la escuela. Me puse a leerlas. Al cruzar Eje Central, una persona corrió tras el micro para alcanzar a subirse. Cuando subió me di cuenta que era bastante parecido a mí: delgado, un poco panzón, con el cabello un poco largo, de tez morena y con grandes ojeras bajo los ojos. Se sentó a lado de mí. Abrió su mochila. Se puso unos lentes. Buscó unas hojas. Y se puso a leerlas. Me pareció bastante curioso que las copias que él leía eran las mismas que yo. Al voltear a verle la cara su mirada estaba en mis copias. Por un instante pensé que todo era un sueño. Saqué un trozo de papel de mi cuaderno y escribí unas líneas. Le di el trozo de papel. Él me dio otro similar. Toqué el timbre dos cuadras antes de Patriotismo. Al bajar él venía tras de mí. Caminé deprisa para esconderme tras la esquina de la calle. Saqué una pequeña navaja automática que cargo “por si las dudas”. Al pasar a lado de mí le atesté la primera de muchas puñaladas. Lo dejé en el piso. Caminé dos cuadras más. Leí el papelito que me dio. Decía: “efectivamente”. Caí al piso por un dolor enorme en el estomago. Por mi boca empezó a salir mucha sangre. Yo le había escrito: “en esta vida no puede haber dos iguales”…

20090318

El otro chisme 8: [Unos pequeños trozos de cinta adhesiva cortada cuidadosamente en forma de moñito]

["En esta ocasión las 250 palabras fueron para redactar un recuerdo de la infancia"]

¿Cuántos años tenías?, ¿ocho o nueve? Estabas cursando el cuarto de primaria seguramente. Aquel día estabas jugando en el salón de clases. No viste quién pero sentiste que te impactaba en la cabeza una goma. No sabías por qué pero tenías la necesidad de regresar la afrenta. Viste en el piso aquella gran goma blanca y rectangular. Corriste a agarrarle. Sin embargo en el camino se cruzó la pata de una banca. Sentiste caer y tu cabeza se impacto en el filo del asiento metálico de otra banca. No te importó. Alcanzaste la goma y la aventaste nuevamente. Sin embargo algo no estaba bien. Se hizo un silencio sepulcral. Los ojos de tus compañeros y maestra se situaban en tu frente. Tu mano apresuró a tocar tu frente y una pequeña oleada caliente te recorrió la espina dorsal. No te dolía pero al ver tu mano sabías que estabas sangrando. La maestra apresuró el paso de tu mano hacia la dirección. Las monjas trataron de curar la herida con unos pequeños trozos de cinta adhesiva cortada cuidadosamente en forma de moñito. Al llegar tu mamá por ti su cara se transformó en preocupación. Estaba molesta porque no la llamaron. Habló a tu padre y le dijo que te llevaría a urgencias. Por tu frente se alcanzaba a ver parte de tu cráneo, al menos eso te decía tu mamá. En urgencias te dieron siete puntadas. Al terminar la doctora de coserte, asistida por tu madre. Preguntaste: ¿y la goma, dónde quedo?

20090223

El otro chisme 7: [¿autorretrato o autorelato?]

[Nuevamente un reto de la escuela: Un Autorretrato en 250 palabras, tomando un elemento de nuestra vida y desarrollarlo, no autobiografías...]

La noche había comenzado con el pretexto de una copa para atenuar las presiones laborales, las horas habían pasado al igual que la pequeña juerga. El despertador sonó puntual a las 6:30 de la mañana como cada sábado, sin embargo él aún estaba con un vaso de Antillano con Tehuacan y Sidral en la mano. No podía ir en esas condiciones a la Facultad, aunado a que el sueño empezaba a cobrar su pequeña factura diaria. Cuando volvió a abrir los ojos, el pequeño reloj del celular mostraba que eran las 9:20, sabía que ya no llegaba a la segunda clase; por lo que se baño para quitarse el agrio olor del Antillano, en la cocina opto por freírse una hamburguesa, aunque por las prisas olvidó echarle catsup en demasía, como acostumbraba a hacerlo. Apresuró el paso para tomar el micro en Eje 7, y al llegar a Ciudad Universitaria corrió para llegar puntual a Taller de Redacción.

Con la naciente resaca brotando de sus poros, entro a clase participando solo lo necesario, para ser exactos solo cuando el maestro le pidió que participara. Trató de poner atención lo mejor posible. Al terminar la clase <> tenía una tarea que le rondaba las ideas: redactar un autorretrato en 250 palabras. La tarea le pareció extraña, un poco confusa.

— ¿Y si mejor tomo la cámara, me miró al espejo y disparo? — pensó un poco en voz alta. Lo que le trajo un pensamiento que siempre había tenido acerca de su imagen, no le gustaban las fotos de si mismo; le gustaba mucho tomar fotos, los retratos le agradaban, pero los suyos no.

Llegó a casa después de un tranquilo Día de San Valentín, la idea del autorretrato no abandonada sus ideas nocturnas. Toda la semana estuvo pensando en redactar acerca de su gusto por el graffiti, pero le pareció que nunca fue un buen graffitero; después pensó en poner lo del graffiti como antecedente al diseño grafico y los carteles, pero recordó las palabras de su profesor “no es una autobiografía”, pensó en desarrollar la historia que está detrás del los diseños de osos geométricos que actualmente hace. Comenzó a escribir unos cuantos párrafos, pero llegaba al mismo punto: graffiti y diseño, al final de cuentas una pequeña autobiografía.

El viernes después de borrar y volver a escribir varios párrafos, que al final le parecían autobiografías, dejó unos días por la paz su tarea. Finalmente el domingo por la noche se decidió a redactar un pequeño relato, de su autorretrato…

-o-

[Que la crisis no los aplaste... Feliz y tranquilo 2009... (ja! es mi primer post en el año)...]

20081007

El otro chisme 6: [¡Ojo: no hay vuelta a la izquierda!]

[¿Cuánto tiempo desde mi ultimo post?... mucho…En esta ocasión este es un pequeño reto escolar (en otro post lo dedicare íntegramente a hablar de esta nueva experiencia de estudiar en la UNAM), en donde después de leer “Extraños peregrinos: 12 cuentos” de García Márquez, se tenía que redactar un cuento imitando su estilo, ¡ohhh, gran reto! Así que este es un “chismecito” lleno de narración y con pocos diálogos. Espero se note un poco, alguna evolución en mi redacción…]

I


Inesperadamente esa tarde de domingo las nubes no cubrían al sol como todo septiembre lo habían hecho. El calor traspasaba el techo del auto de papá, atrás habíamos dejado el festejo por el cumpleaños de mi abuelo, y nos dirigíamos a casa. En la radio sonaba quien supiera el futuro para no enamorarse. Transitábamos por el boulevard de Ojo de Agua, que por cierto, estaba en reparación. En el cruce de la llantera “Euskadi” el camino se encontraba trastocado por una valla que impedía el paso, los pocos autos que circulaban se repartieron hacia la derecha e izquierda, mi papá decidió seguir a una camioneta negra que eligió el camino de la derecha. Dos calles seguidas, y una a la izquierda, la noción básica de orientación sobre las calles cuadradas de Ojo de Agua dictaba que la siguiente vuelta a la izquierda nos haría encontrar con el boulevard de nuevo, sin embargo, un letrero anunciaba: “¡Ojo: no hay vuelta a la izquierda!”.
— ¿Y si rodeamos los nuevos departamentos?, — nos comento mi papá, más en forma de aviso, que buscando mi opinión o la de mi mamá — seguro salimos de nuevo al boulevard o al inicio de la carretera.

II


Terminando los multifamiliares, el camino dejaba de ser pavimentado y conducía a una vereda rodeada por árboles, desde donde a lo lejos aún se veían los coches que se dirigían al Distrito Federal. Por las ventanas del auto se colaba el olor fresco de la hierba, que en días pasados había sido regada por las intensas lluvias. El camino parecía interminable, y la noche amenazaba con despedir a la tarde. A lo lejos una tenue columna de humo se atisbaba. Procedía de un pequeño poblado de nombre incierto, pero que en la entrada lucía un pequeño letrero que con letra redonda rezaba neninis cemiac. Las casas estaban repartidas sin un orden aparente, rodeadas de cactáceas y burros que convivían en plena armonía; sin embargo no se observaba gente en ellas.
— ¿Le seguimos hasta donde se ve el humo? — nuevamente nos preguntó mi papá, sin buscar nuestra aprobación para seguir el camino.

III


Mientras avanzábamos se percibía un barullo lejano procedente seguramente del mimo lugar de donde salía la columna de humo. Las viviendas comenzaban a escasear, y al fondo apenas se distinguía un frente de árboles y cactáceas, que a lo lejos aparentaba ser un ejercito listo para atacar. Mi padre como poseído por la curiosidad, no soltó el volante hasta estar a pocos pasos del ejército botánico. Al descender del auto lo primero que vi, tras los árboles, fue un grupo de indígenas danzando con mascaras de madera , labradas y pintadas a semejanza de algún animal. El baile parecía que no tenía algún orden aparente, pero lucía como si sus movimientos fueran ensayados por meses. Se guiaban por el compás de una melodía extraña, la cual no me recordaba ni a la oída con los “danzantes del zócalo”. Extrañamente su comportamiento no intimidaba, por el contrario, invitaba a seguir adelante. A los pies de los árboles reposaban algunos petates con vasijas de barro cubiertas por frutas espinosas, propias de las cactáceas. El humo que se distinguía a lo lejos, procedía de un hoyo en la tierra, donde se estaban cocinando trozos de carne.

IV


Al acercarnos con una de las mujeres que estaba junto a un petate, me percate de que no hablaban español, sin embargo, no fue necesario para que la mujer, de mirada triste, ojos pequeños y tez del color de la tierra, nos ofreciera un fruto de los que tenía en su vasija. Lo mismo sucedió con cuanta mujer nos acercábamos. Una indígena de edad avanzada, que lucía dos hermosas y grandes trenzas, se acercó a nosotros para ofrecernos una bebida, que olía fuertemente a alcohol, dentro de un gran botellón de base esférica y cuello cilíndrico y angosto, en el interior se podían distinguir varios frutos. La cordialidad y hospitalidad de los indígenas, nos obligo a no negarnos a rechazar el deguste de aquello bebida, que parecía tener lumbre al pasar por la garganta, pero que dejaba una sensación de tranquilidad y alegría después de tomarla.

Por instinto, o tal vez por imitación, tome una mascara que representaba un diablo colorado, para unirme a la danza. La noche parecía no tener fin, la luna en todo su esplendor fungía como un gran reflector. La comida que nos ofrecían, los bailes, la bebida, la luna; en fin todo, parecía danzar al compás de la música, para nuestro deleite.

V


— ¡Papá despierta!, tenemos que llegar a casa— le decía al tiempo que lo movía para que despertara del profundo sueño, que sobre el pasto tenía.
— ¿Y los inditos?— me pregunto.
— ¡No sé!, no se ve nada, ni nadie cerca, más que nosotros y el coche — le conteste, sin embargo, había algo raro en su rostro. Su cabello lucía más canoso que un día antes, y su cara mostraba arrugas que no había percibido. Al despertar mi mamá su aspecto era similar: envejecida. Al voltear mi papá a verme su cara reflejaba un gran asombro, por lo que corrí al retrovisor del coche para ver, lo que no quería ni imaginarme, por mi cara también habían pasado los años. Sin embargo, al encender el radio, y buscar la estación donde dan la fecha y la hora, solo había pasado una noche.

-o-

[Este es para ti, que estas acompañándome en este nuevo reto… Gracias niña muchita]

20080118

El otro chisme 5: [13 Horas]

[Mas que un cuento es un pequeño relato en primera persona, en el cual soy el protagonista, es como dijera Silvia Pinal ‘un caso de la vida real’, espero les agrade y Feliz 2008]

I

-¿Qué tranza Osbe vamos a ir a pintar en la noche?- me preguntó el ‘Sincko’ en la tarde a la entrada de mi casa.
-¿A qué hora y en dónde?- le conteste.
-Igual que la otra vez, allá con el Orgas a las diez- terminó la conversación.

Como el frente frió 18 azotaba directamente a la Ciudad de México, me di un baño para darle un poco de calor a mi cuerpo y me enfunde en el pijama, a las diez de la noche me puse encima de la pijama otro pantalón y dos sudaderas, por eso de prevenir los cambios de temperatura.

Al llegar al ‘punto de reunión’ ya se encontraban varios ‘XVNCA’ que estaban ansiosos por pintar sobre Tlalpan; el ‘Orgas’ cargaba una mochila azul llena de aerosoles junto con su esposa e hija para ‘despistar’. En la estación del metro Portales solo aguardamos por el ‘Sien’ que era el único faltante a la cita.

-Acabo de ver como atoraban a unos weyes en donde había pintado el Morfo y el Kaze- fue como el ‘Sien’ nos saludo al llegar al metro.
- No eches la mala vibra- le reclamó el ‘Sincko’ y sacudió sus manos sobre el ‘Sien’ como si tratara de tirarle la ‘mala vibra’.
-Esperó no sea mal augurio- termino la platica el ‘Orgas’ por que el metro listaba a llegar a los andenes.

El metro San Antonio Abad fue elegido para empezar la ‘noche atascada’ como la habían bautizado por ser una noche donde esperábamos pintar todo lo que se pudiera. Al salir todos nos preparamos: quitar las válvulas a los aerosoles, ponerles una válvula ‘fat’, colocarnos un guante de látex para evitar las molestas manchas en las manos y agitar los aerosoles disimuladamente para empezar a pintar a la primera oportunidad.

II

-¡Shhht!- se oyó del interior de un auto que se incorporaba a Tlalpan sobre la lateral de Viaducto.
-Ahí te hablan- le dijo el ‘Orgas’ dirigiendo la mirada al ‘Sien’

Como buen altruista me acerque para saber que era lo que querían, solo nos preguntaron como llegar al Aeropuerto, sé los dijimos y nos incorporamos de nuevo al grupo, sin haber dado más de diez pasos por Tlalpan llegó una ‘Ram’ llena de policías y tras ella varias más de las cuales descendieron decenas de policías.

-¡Contra la pared!- dijo un policía apuntando con la metralleta. Me revisó las bolsas y me pidió que le mostrara lo que contenía mi morral; y al ver que traía aerosoles me exigió que abordara la ‘unidad’.
-¡Pero si no estoy haciendo nada!- repliqué.
-¿Cómo no? ¡Estabas graffiteando!-
-¡No es cierto!, ¡yo no he pintado nada! y portar aerosoles no es ningún delito- le dije al mismo que me daba gracia como se atrevia a decir ‘graffiteando’ cuando el verbo ‘graffitear’ no existe, se dice pintar.
- ¡Que te subas!- con un tono más agresivo y empujando me llevó a los pies de la ‘Ram’.
-¿Qué pasa?, ¿Sé esta poniendo pendejo?- graznó otro policía que lucia una especie de pasamontañas en el rostro, al mismo tiempo que me amenazaba con la metralleta.

Sentía que de un momento a otro me golpearían como tantas veces había oído, por lo que resignado aborde la ‘Ram’, al subir a ella pude apreciar el sometimiento de los mis compañeros, segundos después uno por uno fueron subiendo a todos, el ‘Orgas’ trataba de tranquilizar a su hija que por el actuar de los policías estaba hecha un ‘mar de lagrimas’.

En el trayecto al Juzgado Civil, nos gritaban <<¡No alcen la cabeza!, ¡Ahora si van a valer madre!, ¿Qué se ganan con graffitear?>>, solo nos mirábamos tratando de tranquilizarnos y pensar que no nos pasaría nada. Al llegar al juzgado varios policías nos pidieron nuestros nombres y nuestra edad, por un momento dudé en decir un nombre y una edad falsa, crear en ese momento una identidad nueva, sin pasado, que en ese momento comenzara su historia; pero deseche la idea y me dije <<¡Awevo! Soy Christopher, tengo 22 años, y tengo más conocimientos que estos palurdos con traje azul y metralleta, además que no hice nada>> que equivocado estaba. También nos tomaron fotos sin dejar de ridiculizarnos a cada momento.

Al entrar al juzgado separaron a los menores de edad, solo nos quedamos el ‘Orgas’ y yo. Aunque ante la juez declaramos en reiteradas ocasiones que no habíamos hecho nada, hecho que era real ya que aún no empezábamos a pintar a la hora de la detención, la juez nos pedía que presentáramos pruebas a nuestro favor, cosa imposible ya que la palabra de los ‘palurdos azules’ tenia mas ‘peso’ que la nuestra, la sentencia: 13 horas de arresto en el Centro de Sanciones Administrativas y de Integración Social mejor conocido como el ‘Torito’.

III

-¡Quiubo!- me dijo al entrar a mi celda un joven entrecano después se volvió a dormir.

Aunque los ‘custodios’ me dejaron tomar dos cobijas el frió calaba hasta los huesos, no pude dormir solo oía las risas, los quejidos y los ronquidos de los demás ‘detenidos’. A las 6:30am puntuales nos sacaron de los bloques de cemento, que intentaban ser una cama, para ir al comedor por frijoles, un bolillo y una infusión de manzanilla, como la apariencia de la comida no era de confiar solo probé la infusión que rebozaba de humo, y que intentaba amainar aunque fuese un poco el frió, que se incrustaba en las bancas de metal que conformaban el comedor.

Nos dejaron regresar a los ‘dormitorios’ pero nos recogieron las cobijas, conciliar el sueño me parecía una empresa imposible así que decidí encontrar ‘Otros Chismes’ en el pasillo de los dormitorios.

IV

-¿Y tú por qué estas aquí?- le dijé al joven de sudadera gris que se incorporaba a las cercanías de la reja.
-Por vender pantaloncitos en el centro- me contestó, aún titiritando por el frío.
-¿Y cuántas horas te echaron?-
- 13 y ¿a ti?-
-Igual, y ¿no alcanzabas fianza?-
-Si, pero querían $200 y yo apenas saqué en todo el día $150, pero ya salgo a las siete-

<<Pinche Ebrard y sus soluciones>> pensé y su nombre se oyó mientras el ‘custodio’ le abría la reja para que saliera, su ‘condena’ había sido cumplida.

V

-¿Y usted por qué esta aquí?- le pregunté a un señor que se cubría la cabeza con una sudadera un poco mugrosa.
-Por borracho- me contestó
-¡Ahh!, ¿Por el alcoholímetro?-
-¡No!, por estar tomando en la Central-
-¿Y cuántas horas?-
-25, pero ya estoy aquí desde ayer, salgo a las 11:30 de la mañana, pero horita que salga me voy a tomar una cuba-
-Así se habla don-

VI

A las 7:30am nos llamaron a ‘pasar lista’, nos formaron en el patio en filas de cinco personas, gritaban el nombre y teníamos que contestar el apellido; después de una nueva revisión minuciosa a nuestras prendas, nos mandaron de nuevo a los dormitorios. Dos nuevos ‘huéspedes’ se unieron al dormitorio que compartía con el ‘Orgas’ y el ‘joven entrecano’, los ‘nuevos’ era el ‘werito’ y el ‘fresita’, los tres estaban ahí por que rebasaron los 0.4 miligramos en la prueba del alcoholímetro.

-¿A todo les dieron 20 horas?- dirigí la pregunta a los tres que estaban arrestados por el alcoholímetro.
-¡No, a mi 25!- contesto el ‘fresita’.
- ¿Y por qué mas horas?-
-Porque me aloqué e insulto a esos pinches policías-
-¡Qué mal pedo!-

Dieron las 8:30am y de nuevo nos sacaron al patio para que asearan los dormitorios.

VII

-¿Y ustedes por qué están aquí?- les pregunte a dos tipos que me daban risa sus caras.
-Por limpiar parabrisas- me contesto el más alto de los dos.
-No sabia que limpiar parabrisas fuera delito-
-De repente hay operativos y nos cargan-
-¿Y a ustedes cuánto les pedían?-
-$100 por los dos-
-¿Y no traían?-
-A duras penas alcanzábamos a juntar $40 entre los dos-
-¿Iban empezando?-
-¡Si! íbamos llegando, y mi mujer bien me decía que hoy no fuera a trabajar-

VIII

Los custodios nos dejaron estar en el patio y aprovechar los primeros rayos de sol que temerosos invadían a la ciudad. El ‘joven entrecano’ interpuso un amparo y lo dejaron libre antes de cumplir su condena, así que los cuatro que quedábamos colocamos unas sillas que semejaban a las usadas en mis tiempos de enseñanza secundaria, en un semicírculo en el centro de patio, donde los pequeños rayos de sol se esforzaban por calentar la ciudad. A los pocos minutos se nos unieron dos más ‘por alcoholímetro’ uno con facha de ‘Big Metra’ y otro que estudiaba en España y estaba aquí por la temporada vacacional. Los minutos pasaron y las anécdotas de cada uno salían a relucir, les prestábamos atención con mucho ahínco, se necesitaba ‘matar’ tiempo, las risas no podíamos disimularlas, no faltaba el comentario del ‘Big Metra’ <<Sólo hacen falta las chelas ¿no?>>, <<parece pic-nic esto>> dijo el ‘werito’.

IX

-Luis y Christopher al medico- dijo el custodio.

Por fin las 12:30pm la condena terminaba, nos despedimos de los demás y les deseamos suerte, ellos salían en la noche y la madrugada.

-¿Crees que en la calle nos hablarían?- le pregunté al ‘Orgas’ en referencia a los cuatro compañeros que se quedaban por ‘alcoholímetro’.
-No lo creo, a lo mejor el de chinos sí, se ve buen pedo, pero el wero no creo-
-Que cagado, como allá adentro no existen las clases sociales, ni el estatus, todos éramos iguales-

A la salida nos regresaron nuestras pertenencias y tras la puerta nos recibian los XVNCA ‘menores de edad’…


-o-

[Dedicado principalmente a mis carnales de la XVNCA, a los que son retenidos por ir borrachos y a los artistas de la noche que llenan de Graffiti la ciudad en tiempos inimaginables teniendo que ‘rifarsela’ a la hora de correr para evitar las 13 horas…]

20071105

El otro chisme 4: [Otro destino en Coyuya]

[Este es la segunda parte y el final de ‘Destino… Coyuya’ que siendo sinceros no necesitaba segunda parte ni final, pero como siempre ando de chismosito pues me di a la tarea de escribirla]

I

La noche llegó junto con ‘Carlitos’ acompañado de sus eternos reproches, explosiones de machismo y el conformismo consuetudinario que Sandra no había apartado de su vida, lucía fresca y con un brillo que a todas luces era perceptible, pero para Carlos era la misma de siempre: una mujer que no sabia planchar, cocinar y que desatendía la casa por su necedad de trabajar.

-¿Otra vez no te dio tiempo de hacer algo que una verdadera mujer haría de comer?- estalló él, al ver la pizza en su plato-.
-¿Qué quieres?, no me da tiempo- la voz de ella contraria a la rutina lucía tranquila, su mente y pensamientos vagaban cual viaje astral a los recuerdos recientemente incrustados en el destino que Coyuya le impuso- pero si quieres otra cosa dime y salgo a comprártelo-.
-¡No, déjalo así!, se me va a espantar el hambre-.

Esa noche a ella no se le antojaba comenzar una de las interminables peleas que por lo regular se suscitaban por las noches en casa, solamente deseaba retirarse a la cama para estar sola con sus pensamientos y los recuerdos gratos del día…

II

Una vez más el despertador de la cabecera timbró puntual a las 5:30 horas, Sandra y su aún sonrisa tierna en los labios dibujada comenzaron el eterno ritual, una camisa perfectamente planchada que jamás satisfacía las exigencias de Carlos, unos perennes huevos salpicados de creatividad en la presentación igualmente despreciados, las prisas de Sandra por llegar a tiempo a Tlatelolco y la parcimonia de Carlos ya que al conducir su Taxi no tenia problemas de patrones ni de horarios, completaban el tan acostumbrado ritual.

Como solía hacerlo a diario, abordo su Taxi y se dirigió a Churubusco por Plutarco, y al cruzar eje 3 en el Metro Coyuya un hombre le hizo la parada, a lo que Carlos naturalmente aceptó ya que la estampa del extraño lucía amable.

-¡Hola, buenos días!, ¿a dónde lo llevo?- preguntó Carlos.
-A la avenida Tlahuac, si me hace el favor- contesto el extraño, acompañado de una sonrisa; por lo que Carlos sintió una invitación para comenzar una conversación típica ‘chofer-pasajero’.
-¿Se le hizo tarde verdad?- comenzó así la platica Carlos.
-Exacto y ayer no fui al trabajo, me encontré a una mujer hermosa con la que pase una inolvidable tarde- prosiguió el extraño.
-¡Ahh! Entonces bien valdrá la pena un descuento en la quincena-.
-¡Claro! Esa bonita mirada bien vale la pena cualquier descuento-.
-Se oye muy enamorado-.
-Desgraciadamente de la portadora de esa mirada y de la tierna sonrisa no conozco ni su nombre-.

La charla continuó y a Carlos le vinieron a la mente recuerdos de su noviazgo con Sandra, la mirada dulce y la sonrisa tierna que con los años se le habían ido desdibujando, el extraño fue dejado a tiempo por Carlos en su trabajo.

III

Los clientes siguieron abordando el Taxi junto con los recuerdos de aquel lejano noviazgo, por lo que tomo el celular y telefoneó a Sandra para invitarla a cenar como en aquellos días de cortejo.

Hasta las 7pm pasaría por Sandra a Coyuya por lo que Carlos decidió dar unas vueltas extras cerca del metro para ‘matar el tiempo’ se dijo mentalmente Carlos, en esas mencionadas vueltas andaba cuando dos hombres de buen vestir le hicieron la parada y le dieron la orden de meterse en un callejón junto con la instrucción de darles todo el dinero que portara, Carlos no dejaba que le arrancaran el dinero que había juntado en el día y destinaría para esa cena a las 7pm, por lo que los hombres del buen vestir desesperaron y uno de ellos desenfundó un revolver y atinó dos golpes certeros de plomo en la cabeza de Carlos.

Sandra recibió la noticia por el mismo medio por donde horas antes una llamada le había hecho dudar que hoy sería ‘un día más’ y de que Carlos no volvería a ser ‘Carlitos’, pero esta noticia lejos de alegrarla le había llenado los ojos de lagrimas, pero en su más hondo ser, una esperanza se iluminaba porque la pequeña tregua que vivió en los últimos dos días le hacía saber que un nuevo destino podría estar hasta en el metro Coyuya…

-o-
[son de esas dedicatorias que no necesitan nombres pero que la persona a la que va dirigida es obvia]

El otro chisme 4*: [Destino... Coyuya]

[Eh aquí un chisme que no es de los otros, o sea de los míos, pero que necesitan saber para entender el otro chisme numero cuatro que les contaré mas adelante... esta escrito por lunita, y fue publicado en un ‘fanzine’ de la upiicsa llamado ‘el papalote rojo’…]

Su día a día eran tan monótono como el de muchos habitantes del DF que viven de manera tan acelerada como lo dicta la propia ciudad.
Su rutina comenzaba a las 5.30 am cuando su despertador sonaba y Carlos, a su lado, la exhortaba con tal displicencia a abandonar el calor de la cama, para realizar “sus deberes”, así lo llamaba él porque la Sr. Mónica, su madre, así lo educó, bajo una lluvia de ideas machistas; y muy a pesar de ya conocer estas aberraciones Sandra decidió casarse con él porque pensó que con el tiempo cambiaría, pero ni tres años de novios más dos de casados y su amor lo habían cambiado, así que finalmente, como muchas otras personas abrazo el conformismo.

Después de prepárale el desayuno a ‘Carlitos’, así le decía de novios, Sandra salía corriendo, si acaso de vez en cuando con un vaso de leche desayunado, porque tenía que trasladarse en el tumulto del metro desde Coyuya hasta Tlatelolco. Pero justamente este lunes caótico precedido por la lluvia y las expectativas del 1er informe de gobierno de PIPO, después de todo no sería tan gris como el cielo y el mismo PIPO.

Entre tanta gente, charco, empujones y demás llego corriendo (literalmente) al metro Coyuya, aproximadamente con 20 minutos de retrazo y con los reclamos hoscos de Carlos aun sonándole en la cabeza “Esta camisa esta arrugada… otra vez el mismo desayuno…” Muy lejanos y añorados estaban aquellos momentos cuando él la pretendía y la trataba con tanto amor que ahora hasta parecería una alucinación, efecto de algún toxico o narcótico; en esos recuerdos andaba, que tanta perturbación la llevaron al vagón con dirección contraría a su destino… o no?

La prisa la sitió frente a un hombre que a simple vista sería completamente insignificante pero ya con meditada observación pasaba de ser un extraño de vagón a un compañero de vagón. Sandra encontró en sus ojos y en la palabra “disculpe” el cobijo que tanto buscaba y tanta ternura que no noto el paso de las estaciones y comenzaron a hablar de banalidades como el clima, lo lento del servicio del metro e incluso algunas “observaciones” del mensaje a la nación de FCH, ambos se dejaron llevar por la conversación y lo hipnótico de sus miradas que fueron arrastrados por la multitud y bajaron en una estación que les sirvió de refugio de la lluvia y de los pisotones que tan comunes son en el metro.

-Ups, no puede ser, es tardísimo, me equivoqué de dirección y aparte te estoy quitando el tiempo-.
-Tranquila no me quitas nada, al contrario me regalas un poco de alegría y serenidad… el destino no se equivoca, y hoy no fue la excepción-; terminó esta frase con una mirada cómplice y picara que obviamente perturbo aun mas los pensamientos de Sandra.

Pasaron el día juntos como dos grandes amigos que están enamorados secretamente el uno del otro, y como tales se despidieron, con esa naturalidad y sentimiento de libertad mutua que da la seguridad de saber que al siguiente día se verán.

Sandra llego antes que Carlos al departamento dispuesta a tomar una ducha para saber si su día había sido real o tan solo invenciones de su necesidad de afecto… efectivamente fue real y ni siquiera el hecho de saber que no se volverán a ver, puesto sus nombres quedaron fuera de la platica; y que el siguiente día sería “uno más”, lograba quitarle ese brillo de los ojos ni esa tierna sonrisa…

20071009

El otro chisme 3: [De finales y otros cuentos]

[Hay cuentos cortos que de tan cortos parecen chismes –pero no como los de ‘el otro chisme’ que de esos me ocupo yo- otros tan largos que uno dice ‘poco falta para que sean novelas’, también hay personas que se les dice ‘eres puro cuento’ y no porque su creatividad desborde en el ámbito literario sino por mitómanos, pero casi todos coinciden en contar con un final, en la mayoría de ellos se involucra una pareja en veces real, en veces fantasiosa pero al final pareja pero que de parejos no cuentan con mucho porque si así fuera serian gemelos y aunque así fuera distan de ser parejos ya que aunque la naturaleza se empeñe en hacer seres iguales nada mas no le salen y entonces se dice que son como artesanías porque aunque se parecen no son iguales lo que es lo mismo no son parejos como el dicho popular de ‘parejas ni las orejas u ojeras’… o algo así…

Bueno ya me desvié de lo que quería escribir por que el titulo reza ‘de finales y otros cuentos’ y de finales no he escrito y para eso el primer ejemplo de cuento que va mas o menos así:]

I

Sus miradas se cruzaron en ese preciso instante en el que sus vidas parecían entrar en un largo túnel oscuro en donde el paisaje se aleja de lo interesante.

-él- se acerco y le invito un café.
-ella- sonrió involuntariamente pero gesticulando una aceptación inminente.

Pasaron horas conversando de banalidades y temas de interés para ambos, el tiempo no existía en sus vidas solo el ansia de conocer la vida del otro, como se esperaba las horas corrieron y tuvieron que postergar la platica en cafés variados, en la casa de él, en la de ella, en algún hotel en cual los labios y la lengua no se ocuparon para la charla pero en compañía de sus manos se comunicaron y conocieron.

El amor entre el que invito el café y la que acepto broto y ante un juez pactaron su unión.
Y vivieron felices… tan tan…

[Este es un claro ejemplo del final típico ‘televisanovelezco’, es mas hasta parece plantilla descargable de Internet, pero se sabe que esto en la realidad no es común, es mas suena utópico ya simplemente en México en el 2004 hubo mas de 60 mil divorcios, además de que pocas –pudiendo asegurar que ninguna- relación no sufre percances en el cortejo, lo que me lleva a un segundo ejemplo:]

II

Sus miradas se cruzaron en un instante en el que ellos creían que sus vidas andaban bien sentían que eran completas que nada faltaba, tenían altibajos, pareja, trabajo estable y sobre todo rutina lo que ellos creían era felicidad.

-él- se acerco y le invito un café.
-ella- sonrió involuntariamente pero gesticulando una aceptación un poco tímida.

Como era de esperarse conversaron por tupidos minutos, su palabras viajaban de las coincidencias a las discrepancias siendo estas en lugar de introducción a la discusión fuente de risas, las horas se consumieron y sentían que la charla tenia que continuar, así que decidieron intercambiar datos de localización…

Las pláticas y los cafés se repitieron un par de ocasiones más, el común denominador en cada encuentro era que en el mundo donde se encontraba la mesita cuadrada, la sillitas con respaldo enclenque, los cafés espumosos, y la comida extranjera no existían parejas, ni rutinas, ni altibajos, ni trabajos estables, solamente se encontraban los sitios visitados en sus charlas o sus criticas a un presidente inepto que aunque sabían que su país se desquebrajaba en esos minutos no lo percataban solo se percataban de sus miradas y sus risas.

Sus labios jamás se unieron mucho menos sus sexos pero estaban seguros que las palabras emanadas de cada una de sus bocas se habían entrelazado y seguramente el amor habían hecho; solamente sus brazos se entrelazaron en la espalda del otro cuando el adiós definitivo se dieron… tan tan…

[Este es un ejemplo de mal final o como comúnmente se le llama ‘final chafa’, es de esos en donde el lector se queda con el ‘¿y luego?’ o ‘¿y después qué pasó?’ u otros mas aventurados dirían ‘¡ahh no mamen! ¿tanto para eso?’, pero algo es innegable, a los protagonistas les queda un dulce sabor de que fueron felices aunque solo fuera por un cuento… ahora si: tan tan]

20071001

El otro chisme 2: [Réquiem por un suicidio]

[Ahora probare un chismecito sin diálogos]

I

Después de dos semanas en vela sus pensamientos comenzaban a desatinar en tiempos y realidades, la noticia de que ella no había acudido a la cita ante el juez civil se debía a que él ya no estaba presente en sus pensamientos, en su cama ni en su mirada, le carcomía las vena, sentía lastima y vergüenza por la figura del espejo, empezaba a sentir odio por el personaje que proyectaba la sombra cuando caminaba, el rencor se gestaba en sus vísceras y la ira le producía pensamientos equívocos y sádicos contra su persona, maquilaba creativamente fines para su existencia, la indecisión se centraba en el espectáculo o la indiscreción, el desangre por las cuchillas en sus venas o el golpe certero del plomo en la sien, de la agonía al fin inmediato…

La urgencia por detener el riego sanguíneo producido por los latidos de su corazón sin agonía pero de una manera recordable le laceraba los días: no comía, no se bañaba, solo escribía y diseñaba planos, ninguno le satisfacía, le parecían muy trillados o muy obtusos o simplemente nada certeros; revisó periódicos buscando noticias recientes de personas muertas por caídas de grandes alturas: todas por descuido o por negligencia de los patrones en grandes construcciones, ninguno por decisión propia; lo tenia decidido se dejaría caer desde un edificio vecino en donde la entrada al inmueble consistía en timbrar tres veces consecutivas el numero del interfono marcado como portero…

El edificio lucia 6 plantas las cuales según sus cálculos eran poco menos de 20 metros lo que aproximadamente en 2 segundos su cuerpo se impactaría con el río de autos que transitaban a los pies del edificio sobre una gran avenida, él tenia previsto que en caso de que su vida no terminase por el impacto de la caída, el impacto de los autos cumplirían el objetivo planeado; tenía decidido que su fin tendría que ser en un día soleado, en los que se espera que nada malo ‘nuble’ el día…

II

El día elegido por fin se presento, tomo un baño porque quería sentir su piel fresca para disfrutar del aire que al chocar con su cuerpo lo abrazaría y le daría la sensación de volar, de ser libre; su vestimenta tenía que ser blanca para que el rojo de su sangre al impacto la tiñera y la caer se pudiera apreciar cual ángel expulsado del cielo; elaborar la nota de despedida era e siguiente paso de su cita con la muerte, tomo una hoja en blanco y solo atino a escribir “con todo mi amor para la mujer que odio”, la poso sobre la mesa de su cuarto y salio al encuentro buscado…

Tres timbrazos seguidos y la puerta abrió, recorrió sus escaleras hasta llegar a la azotea, la hora elegida debería de coincidir con la salida de escolares y amas de casa regresando de las compras para la comida, pero ese día el ajetreo rutinario se había trastocado por un día festivo que se había cruzado en el calendario –el no lo sabía, el tiempo lo había perdido desde hace mucho-, trepo por la barda de seguridad instalada para evitar accidentes de infantes, pero su oído se inquieto al percibir ruidos extraños a los pies del edificio, trabajadores delegacionales aprovechando el día de asueto justificaban el gasto publico con trabajos de pavimentación, una gran lona azul repleta de propaganda política estaba instalada en donde él tenia previsto el impacto que lo llevaría a su cita, sus ojos se le llenaron de lagrimas y una de ellas resbalo por su rostro y se impacto en la gran lona rodando hasta la avenida humeante recién cubierta de chapopote, se maldijo y lamento que hasta la muerte no haya asistido a su cita…

-o-

[para ti…]